En un encuentro con mujeres me hicieron la propuesta de recapitular todas las heridas o traumas que recordaba conscientemente en mi vida, desde la infancia hasta la etapa adulta. Fui creando un sendero de cruces que recorría todo mi cuerpo, reconociendo como cada cruz me había reforzado como prueba de mi valor, empoderamiento, fortaleza interior… y no de víctima. Ninguna cruz me hundió ni me debilitó, sino que me impulsó a una gran transformación hacia la mujer que siempre he querido ser. Somos fuertes reconociendo nuestra vulnerabilidad, pues en cada herida encontramos la dirección hacia el Amor a nosotras mismas.

 

La vulnerabilidad no es debilidad.

 

Cuando tapamos nuestras heridas y no queremos ver nuestros miedos, creamos corazas que impiden abrirnos a recibir los regalos de la vida. No es fácil abrirse a sanar el dolor más profundo y tampoco lo es enfrentarse a los miedos. Con mucho cuidado, mimo y Amor se debe atender esas heridas, para que puedan ser sanadas y no condicionen nuestra vida presente ni futura. Para ello, sería conveniente apoyarse en profesiones psicólogos o terapeutas que nos acompañen en estos procesos.

En la actualidad estamos viviendo una situación sin igual. Están aflorando en el inconsciente colectivo los miedos a la muerte, la pérdida, el abandono… nos sentimos vulnerables y débiles. Cierto es que el miedo, como emoción sana, nos lleva a activar el instinto de supervivencia, por lo que nos permite crear un espacio seguro y poner nuestros límites ante las amenazas externas. Sin embargo, en la mayoría de los seres humanos, los miedos que afloran en estos momentos, vienen de heridas no sanadas de nuestro pasado de forma consciente o inconscientemente, incluso de nuestros ancestros. Se crea una activación neuronal, de nuestro viejo sistema de creencias, que nos hace actuar como si de nuevo volviera a suceder las situaciones del pasado que nos causaron dolor y sufrimiento. Bloqueando así nuestro instinto de supervivencia, fortaleza y acción ante la situación de forma lúcida, efectiva y consciente.

 

Desde el miedo o desde el Amor.

 

En los momentos que nos sentimos más vulnerables podemos vivirlo de dos maneras: desde el miedo o desde el Amor. El miedo nos cierra y crea una coraza en el corazón para evitar sentir dolor. Desde el Amor te llevará a la aceptación, abriendo el corazón a la expresión de las emociones y los sentimientos. Sientes el proceso como una oportunidad para resolver las heridas del pasado y soltar las creencias limitantes. Somos fuertes reconociendo nuestra vulnerabilidad y aceptando nuestros miedos y heridas. El camino del Amor te lleva a aceptarte tal como eres, activando la confianza, la autoestima, el amor y la seguridad en ti.

También se nos da la oportunidad de reconocernos en aspectos de nosotros, como cualidades y talentos, que no éramos conscientes de ellos. Así como tomar conciencia de nuestra capacidad de hacer frente a las crisis o situaciones de conflicto que surjan en nuestra vida de forma creativa, eficaz y amorosa.

 

Canalización desde los Registros Akáshicos.

 

Gracias a las canalizaciones que recibo desde los Registros Akáshicos, he podido reconciliarme con aspectos de mi personalidad y llegar a la conclusión de que somos fuertes reconociendo nuestra vulnerabilidad.

Ahora asumo con mayor naturalidad que yo soy quien soy gracias a los aprendizajes que he recibido, eligiendo vivir desde el Amor y no desde el miedo. Os comparto una de las canalizaciones que habla sobre ello.

 

¡¡Queridos todos!! Os llamamos desde la luz, necesitamos de cada uno de vosotros. Atended la llamada, es hacia todos los Seres Humanos.

No escondáis vuestra alas rotas, no desfallezcáis… levantad la cabeza y hacer visible más que nunca vuestra condición humana. En un tiempo pasado os enseñaron que el ser fuerte es no mostrar vulnerabilidad ni decaer ante las emociones y las crisis internas. Ahora es momento de mostrar la autenticidad de la totalidad de lo que sois, con vuestras heridas, inseguridades, miedos… todo ello desde el plano humano. Pues mostrar la vulnerabilidad, vuestra humanidad, no os hace más débiles si no que da la posibilidad de abriros a aceptaros tal como sois, para que la energía divina que existe en cada uno de vosotros, logre atraer lo necesario a vuestras vidas, para sanar y recibid, para encontrar el sentido, la sabiduría en vuestros caminos.

Las emociones y los sentimientos que afloran durante este tiempo, son como los virus que han de salir de vuestros cuerpos físicos para que seáis sanados y resolver. No es tiempo de tapar y anular los síntomas de vuestro ser interno que pide reconocimiento y sanación, es tiempo de ser valientes y fuertes reconociendo las heridas internas, los miedos e inseguridades.

Vuestro Dios interno, la energía del creador que yace en cada uno de vosotros, está preparado para hacer frente a las situaciones que la vida os proyecta. Es vuestra mente-ego, vuestro sistema de creencias antiguo, lo que os debilita, haciendo que creáis que no sois merecedores de la luz y de la abundancia, es lo que realmente os debilita.

Caen las corazas, caen las máscaras del guerrero, pues ya no toca luchar si no asumir la valentía de ser auténtico en todas las formas de vuestro Ser humano divino.

La luz que está entrando ahora en la Tierra, os pide honestidad con vosotros mismo, para que encarnéis el propósito sagrado en vuestras vidas.

No estáis solos en el camino, almas afines estarán a vuestro alrededor para aligerar el proceso. Vosotros elegisteis vivir esta experiencia en la Tierra porque vuestro ser sabio sabe lo que ha venido a hacer.

Que no os confundan las formas y la polaridad en la Tierra, el Amor prevalece ante todo. El Maestro Jesús ya lo dijo: “Sois como yo, sois el Padre, sois hijos del Padre”. Acunad esta verdad en vuestros corazones y abriros a ser quienes sois. La luz prevalece siempre ante cualquier miedo o sombra, la luz siempre gana, siempre está en el principio del todo.

Creednos cuando os decimos que no hay un final, existe la transformación. Todo lo anterior muere en la forma de contemplación de la mente humana, pero no muere para el espíritu, si no que se transforma y evoluciona.

Lo viejo cae para que lo nuevo en la Tierra emerja en su esplendor. Acompañados estáis hoy y siempre.

Arcángel San Rafael

 

Artículo «Somos fuertes reconociendo nuestra vulnerabilidad» escrito por: Anabel González Delgado.

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