«Queridos, soy la Madre María. Hoy recojo todos vuestros pesares, todas las cargas, las dudas, los miedos, los conflictos, el dolor físico, la sensación de vacío, la ansiedad, la preocupación por el futuro, o simplemente el cansancio… Recojo todo aquello que no os corresponde como almas divinas que sois, todas las cargas asociadas a vuestra condición de humana. Pues, aunque vuestra alma es pura y ya lo contiene todo, desde vuestra experiencia humana experimentáis pruebas que a menudo se tornan difíciles o insoportables.
Yo recojo todo para transmutarlo y elevarlo a la Luz, pero debéis estar dispuestos a soltarlo, a entregarlo con fe, pues yo no os puedo arrebatar nada… Nada puede ser transmutado sin el permiso de vuestra alma. Bien sabéis que no podemos interferir en vuestros procesos. No juzgamos ni cambiamos los caminos de aprendizaje que vuestras almas han elegido, mas sí podemos aliviar y transmutar aquello que nos es entregado.
Yo comprendo vuestros dolores, comprendo el miedo, el agotamiento, la desesperación y la tristeza. Lo he experimentado en su grado máximo cuando fui encarnada como la madre de Jesús, Jeshua, el gran Maestro.
Esta experiencia de vida puso a prueba mi alma. Junto a él experimenté lo más elevado y sublime, la dicha más alta, el mayor amor y la mayor conciencia. Mas también experimenté el dolor más grande, el día se hizo noche para mí y no veía la salida. Mi fe se quebró y me sentí morir en vida.
Por fortuna yo también fui acompañada durante esta experiencia de aprendizaje y evolución que mi alma había elegido. Fui acompañada por seres encarnados de altísima conciencia y por los Seres de Luz más elevados. Ellos me sostuvieron y me ayudaron a ver la luz en medio de las tinieblas, a recuperar la cordura, a recuperar la fe y la paz en mi corazón.
Si yo pude trascender esta dolorosa experiencia humana, también vosotros podéis hacerlo. Confiad, no estáis solos, nunca lo habéis estado. Abrid bien los ojos físicos y los ojos del alma para poder reconocer a vuestros hermanos de luz que os acompañan en la Tierra. Y a vuestros hermanos de luz que os acompañan desde las más altas instancias celestiales.
Entregad vuestra angustia, vuestro sufrimiento, no os aferréis a él, no os pertenece, es solo una ilusión de la tercera dimensión. Elevad vuestra alma para poder mirar con los ojos del alma, elevaos para poder ver la situación desde la perspectiva espiritual del aprendizaje del alma. Esa experiencia es solo una ilusión que procede de la carencia y de la creencia de no merecimiento, de la negación del milagro que ya sois.
Entregadlo todo y confiad. Yo os envuelvo en mi manto de amor y de luz. Yo os acojo en mi regazo y os acuno, pero no para infantilizaros, sino para que recordéis el inmenso amor que está en vosotros, que os envuelve y os habita, que ya es salud y abundancia.
Confiad, la Luz ya es, pronto veréis cambios, veréis milagros, veréis los signos de algo nuevo, algo grande que llega…
El Reino de los Cielos ya está en la Tierra, ya se está manifestando. Que vuestro corazón sea la cuna de la nueva civilización que nace, donde la única ley es el Amor y el cuidado mutuo.
Confiad, confiad, confiad, que la fe sea vuestra brújula, el Amor ya es.
Os acojo en mi regazo y os envuelvo en luz.
Con amor, Madre María.
(Canalizado el 29/06/2025)
Recojo todos vuestros pesares. Canalización mes de Julio 2025
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